En un cajón tengo los remanentes de todos los juegos de cartas que jugué en mi vida. Pokémon, Mitos y Leyendas y Magic. Algunas las fui perdiendo, regalando o, en pocos casos, vendiendo. Pero la mayoría están ahí. Los juegos de cartas intercambiables (Trading Card Games, o TCG) eran muy populares en los tempranos 2000, al menos en mi escuela primaria.
Si mirás cómo se juegan a nivel competitivo esos juegos, hay una mesa con sectores asignados, las cartas son protegidas con folios y todo es muy pulcro. Pero en 2002, en el recreo largo del mediodía, se jugaba en el piso o como mucho en un banco de cemento, sin folios, sin nada. Eso lleva a que las cartas tengan claras marcas de uso intenso.
Éramos niños con su mazo de cartas y jugábamos entre nosotros. Cada tanto nos compraban un sobrecito de cartas o intercambiábamos, y surgía alguna novedad. Pero no había, más allá de esas incorporaciones mediadas por la plata de nuestros mayores, ninguna intromisión de lo externo en nuestro vínculo con las cartas.
Salvo por una: Había un pibe, un par de años mayor que nosotros, que coleccionaba en serio. Tenía una carpeta con folios llenos de cartas muy buenas y perfectamente cuidadas. Este pibe nos cambiaba cartas con un conocimiento muy superior al nuestro. Una vez me cambió como 20 cartas por una mía. Para mí era un negoción, pero en realidad, desde el lado del que lo miraba él, salió ganando ampliamente.
Digo que era una intromisión de lo externo porque este pibe, más grande, más experimentado, se relacionaba con las cartas de una manera muy distinta a como nos relacionábamos con ellas yo y mis amigos. Sí, nos cagó un par de cartas raras, seguro. Sí, evidentemente el presupuesto que su familia asignaba a que el pibe coleccionara cartas Magic o Pokémon era muy superior al que nuestras familias le asignaban. Pero este pibe iba a la escuela con una carpeta llena de cartas. No con un mazo en el bolsillo para pelar en cualquier momento en que pintara ponerse a jugar. Exhibía sus cartas e intercambiaba. Pero no jugaba.
Miré Pokémon hasta aproximadamente 2002/3. Antes de terminar la primaria el interés había mutado hacia las Magic, que era un juego más oscuro, de gente grande, y la novedad de las Mitos y Leyendas, que aparte del atractivo de basarse en mitos reales (tengo el mazo del Rey Arturo, una historia que me encantó desde que vi la miniserie/peli "Merlín" en Hallmark Channel), eran más baratas porque se producían en Chile. Estimo entonces que fueron cinco años de fanatismo intenso entonces, entre el momento en que mi mamá me autorizó a ver esa serie que antes no me dejaba porque causaba epilepsia, y el momento en que pasé a otros intereses. Recuerdo un evento muy traumático para mi fanatismo: La tercera película, que esperé durante meses, nunca llegó al cine. Simplemente se esfumó. No teníamos internet en casa aún, sino seguramente me hubiese podido enterar de que salió directo en VHS: te la tenías que comprar para verla.
Estuve pensando mucho en ese pibe que nos cagaba a los más pendejos e iba con su carpeta con folios. Durante la pandemia, el precio de las cartas Pokémon se fue a las nubes. Adultos con tiempo y dinero volvieron a ellas, las coleccionan, dejan centenares de miles en eso. Los youtubers de mierda hacen unboxing de cajas que valen medio palo verde. Los revendedores se cagan a trompadas entre ellos y atacan las estanterías sin ningún tipo de interés en el producto que están comprando: para ellos es un trabajo, es vaciar la estantería para revender más caro, o la lotería de que te toque una carta lo suficientemente rara como para sacarle ganancia vendiéndola a un precio astronómico a un coleccionista. Ese coleccionista la quiere no para jugar, sino para tenerla en una cajita de acrílico. Salvo en torneos oficiales, de adultos, por plata, el "juego" y la niñez ya no son parte de la ecuación. Internet convirtió el concepto de juego de cartas intercambiables en "juego de cartas coleccionables". Se exhiben, se revenden. Pero no se juegan.
Gracias, capitalismo en decadencia, por arruinar un juego de niños y convertirlo en otra commodity. No te hubieras molestado.